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mari

Estar vacío

Estar vacío En esta tarde otoñal, gris y de buena temperatura, me invita a pensar sobre lo observado a través del tiempo, un algo que presiento y no me gusta, que me llena de pena y que veo un futuro cruel y duro para la sociedad, allí donde miro lo veo, en muchos sitios, a todas horas y en todas las edades, peor lo veo cuanto mas años tienen estos protagonistas, se trata de actitudes cotidianas, donde estoy segura han desaparecido muchos valores morales y espirituales, me pregunto que les ha pasado a esa gente, que están vacíos, cómo han llegado a pasar de sus sentimientos y no prestar ayuda a los mas necesitados, incluyendo la lógica humana, se quedan impretérritos, como estatuas clavadas en el pavimento, ante muchos temas, la justicia, la ayuda humanitaria, la política, el respeto mutuo, el respeto hacia la naturaleza, las violaciones a niños, nadie salta, muchos están como muertos en vida, callan y siguen comiendo sus alubias como si nada.
Miro en el autobús una persona mayor de lo menos ochenta años, que no ve bien, que se cae, ante los bandazos del coche, ya sin fuerzas ni para sostenerse de pié. A su lado un niño de unos 10 años junto a su mamá, muy bien sentados, le miran de vez en cuando, como si ven un bello florero o vaya usted a saber que ven, porque no se mueven para dejarlo sentar, no es problema de educación, es el corazón, son los sentimientos que te hacen saltar de tu buen asiento y cederlo para alguien que lo necesita, y alguna vez incluso he oido una lapidaria frase: Mi hijo también paga su billete y tiene el mismo derecho de ir sentado. No lo veo bien porque el ridículo importe del billete, no compra la piedad, no compra la cordura, la sensatez, no compra la sensibilidad, con ellos hay que nacer.
¿Donde están los sentimientos, las lágrimas, el dolor de corazón y entrañas, cuando dejan al bebé en un contenedor de basura? Harto ya frecuente esta historia repetida, ya esté haciendo cuarenta grados de calor o nieve, da igual le abandonan a su suerte; aunque hicieran sin amor a ese hijo, el ver una cosita tan indefensa, tan tierna, abandonarlo entre llantos tendría que ser impensable, aunque no sea hijo de la que esto escribe, si algún día me pasa el encontrarlo, se me partiría el corazón para muchisimo tiempo. Hay sitios para dejarlos, tienen que vivir, tienen su derecho.
¿Donde está los sentimientos de esas buenas personas que son ante la sociedad, que luego abandonan a otros seres indefensos como son los animales o los matan cruelmente? Al ver alguno abandonado, mojado hasta los huesos, que se le ven las costillas del hambre, con esa mirada de pena, solo comentan: pobrecito a ver si alguien le recoge y se van dándole la espalda, porque ellos no pueden llevarlo, los animales manchan y gastan en la casa, tampoco tienen un euro para darlo en los albegues, ni tan siquiera llaman para que venga a recogerlo. Demuestran que tienen corazones de hierro podrido y han perdido en ese momento un gran compañero de destino. ¿Problema de educación? No creo. ¿Problema de religión? Un poquito si, al haber abandonado el pecado, ahora todo vale en el estado de la libertad, así se muestra la gran mayoría del pueblo. También la dura existencia, los niveles altos que se exigen en los estudios, en los trabajos, en el nivel de vida de los hogares, en el materialismo en que se ha convertido esta sociedad, en la competitividad sin freno, el todo estorba, los ancianos no se pueden atender todos trabajamos. Cuanto tenemos que aprender los humanos del código de comportamiento de los animales, a veces parecen que son racionales, solo por su fidelidad hasta la muerte, sin importarles si eres gordo, feo y pobre, hasta si le pegas tienen capacidad del perdón, tienen tantas cualidades buenas
Hace hasta raro ver el ayudar a cruzar la calle a un anciano o invidente, lo escribo porque me ha pasado a mi, me han mirado, me he sentido ruborizada por mi acción, aunque nadie se ha movido para ayudarlo. Es algo fuera de lo común ya, el que salva alguien de un incendio y expone la vida, aunque reconozco que también queda alguien bueno, alguien que cuando estás enfermo te visita y te llama, alguien que da su mano para levantarte de una caída en la calle, ese alguien anónimo que en un accidente de carretera te ha prestado su ayuda y por eso sigues ahí al pié del cañón, la suerte es de encotrarlos y que estén a tu lado y darles las gracias. No sabremos nunca la suerte de caer en esas manos misericordiosas y amables.
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